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SEPTIEMBRE 2025

El Rol Femenino en el Masaje Tailandés

Por Mónica Albarrán

Tiempo de lectura: 4 minutos

En el corazón de Tailandia, donde los templos dorados brillan al sol y el incienso flota en el aire, nació una tradición curativa que ha cruzado siglos y fronteras: el masaje tailandés. Con raíces budistas y una cosmovisión energética profundamente arraigada, esta técnica combina presión, estiramientos, respiración y meditación. Se le atribuye su origen al legendario médico Jivaka Kumar Bhaccha, considerado el “padre de la medicina tradicional tailandesa” y su práctica más conocida se asocia a los monjes de los templos, especialmente en el famoso Wat Pho de Bangkok.

Sin embargo, hay una historia no contada, un linaje invisible pero esencial: el del rol femenino en la transmisión, evolución y supervivencia del masaje tailandés.

Este artículo busca traer esa historia a la superficie: la de las mujeres que sanaron con sus manos mucho antes de que existieran escuelas, diplomas o salones de spa. Las que transmitieron el saber con gestos, intuición y tacto, dentro de sus hogares, aldeas y comunidades. Las maestras silenciosas que hoy siguen formando parte del alma viva de esta terapia milenaria.

Origen en los templos, vida en los hogares

El masaje tailandés (Nuad Thai) fue durante siglos practicado por monjes en los templos budistas, quienes veían el cuerpo como un instrumento para la meditación y el equilibrio interior. En estos espacios sagrados, el masaje era parte de una medicina integral, junto con la herbolaria, la nutrición y la meditación.

Pero fuera de los templos, en las aldeas, en las casas, eran las mujeres quienes ofrecían alivio a sus familias y vecinos. Si un niño se caía, si un anciano sufría de dolores articulares, si una mujer tenía dolores menstruales o dificultades en el parto, no se acudía a un monje, sino a una mujer mayor (una curandera, partera o abuela sanadora) que utilizaba sus manos, su experiencia y remedios naturales para restaurar el equilibrio.

Este masaje más íntimo, más adaptado al contexto cotidiano, fue la base sobre la que se sostuvo y difundió la tradición cuando aún no había instituciones formales.

 

Las transmisoras invisibles: tradición oral y experiencia vivida

A diferencia del conocimiento académico que se documenta en textos, el masaje practicado por mujeres se transmitía de forma oral y práctica, a menudo de madre a hija, o entre mujeres de una misma comunidad.

No había certificados, pero sí reconocimiento social. No había diplomas, pero sí sabiduría acumulada. Esta sabiduría corporal se basaba en la escucha atenta del cuerpo ajeno, en saber leer la tensión, el cansancio o el dolor sin necesidad de palabras.

En muchas regiones rurales, estas mujeres eran conocidas como “mor phi” (una figura mitad curandera, mitad chamana) que sabía tanto de hierbas medicinales como de puntos de presión. Su conocimiento era profundamente respetado, aunque raramente visibilizado en narrativas oficiales.

 Mujeres maestras: del anonimato a la referencia internacional

Con la modernización de Tailandia y la apertura del país al turismo internacional a partir de los años 60 y 70, el masaje tailandés comenzó a adquirir visibilidad como parte del llamado “turismo de bienestar”. Se abrieron escuelas, se organizaron certificaciones y se profesionalizó la práctica.

En este nuevo escenario, algunas mujeres tailandesas emergieron como figuras clave en la enseñanza y expansión global del masaje tailandés:

 

  • Mama Lek Chaiya: Maestra reconocida del estilo tradicional del norte (Chiang Mai), conocida por su sensibilidad, precisión y enfoque espiritual. Su estilo es intenso pero profundamente energético.

  • Ajarn Orawan: Fundadora de varias escuelas en Tailandia que integran masaje tradicional con sabiduría femenina, aromaterapia y meditación.

  • Ajarn Poo, hija del legendario maestro Pichest Boonthumme: se ha posicionado como heredera y transmisora activa del linaje, con una visión moderna e inclusiva.

Estas mujeres no solo han enseñado a miles de terapeutas tailandeses y extranjeros, sino que han demostrado que el masaje también puede ser una vía de empoderamiento femenino, especialmente en un país donde la economía informal y el acceso a educación formal son barreras para muchas.

El cuerpo femenino como espacio de sabiduría y resistencia

Más allá de su rol como transmisoras, las mujeres han utilizado el masaje como una forma de reconectar con su propio cuerpo. En una cultura donde, como en muchas otras, el cuerpo femenino ha sido objeto de control, juicio o explotación, el masaje ha ofrecido una vía de recuperación de la autonomía corporal.

Dar y recibir masaje puede ser una práctica de autoescucha, cuidado mutuo y sanación colectiva, especialmente entre mujeres.

En círculos femeninos, retiros espirituales y espacios terapéuticos alternativos, se ha comenzado a recuperar el masaje tailandés como una herramienta de empoderamiento emocional, donde el cuerpo no solo duele, sino también habla, recuerda, libera y transforma.

 

El futuro: rescatar el linaje femenino

En la actualidad, muchas mujeres tailandesas siguen enseñando masaje en contextos urbanos y rurales, a veces desde escuelas formales, a veces desde la intimidad de sus casas.

Sin embargo, aún es necesario rescatar sus voces, documentar sus experiencias y valorar su rol como parte esencial del legado vivo del Nuad Thai.

Algunos proyectos ya han comenzado a recopilar testimonios de mujeres mayores que han practicado el masaje durante décadas sin nunca haber pasado por una escuela. Sus historias, sus manos, su intuición —todo eso forma parte del verdadero “archivo corporal” del masaje tailandés.

Cuando se habla de tradiciones, muchas veces se olvida que lo que las mantiene vivas no siempre es lo oficial, sino lo cotidiano. En el caso del masaje tailandés, son las manos anónimas de miles de mujeres las que han sostenido esta práctica a lo largo de generaciones, adaptándola, enriqueciéndola y transmitiéndola con amor.

Reconocer el rol femenino en esta historia no es un acto de corrección política: es un acto de justicia histórica. Porque sin ellas, el masaje tailandés tal como lo conocemos hoy no existiría.

-Mónica Albarrán

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