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AGOSTO 2025

La desconexión digital como camino al equilibrio interior

Por Mónica Albarrán

Tiempo de lectura: 4 minutos

Vivimos en una época donde la conexión es constante, pero la atención es escasa. Nuestras mentes saltan de notificación en notificación, como un mono inquieto de rama en rama, tal como describen las antiguas enseñanzas budistas. Sin embargo, entre este ruido moderno, se abre una puerta silenciosa: la desconexión digital, no como una evasión, sino como una forma de volver a casa, al presente, a uno mismo.

El ruido de lo digital y el silencio del ser

En la filosofía zen, el valor del silencio y la presencia plena es fundamental. Se habla de vaciar la taza para poder recibir, de limpiar la mente como se barre el suelo. La tecnología, si bien poderosa y útil, llena nuestra taza constantemente con estímulos, urgencias, comparaciones y distracciones.

La desconexión digital es un acto consciente de detenerse, de hacer espacio. Es una práctica de desapego moderno, de renuncia momentánea a los vínculos artificiales para volver a sentir los naturales: el cuerpo, la respiración, la emoción presente, la mirada de un ser querido.

¿Qué significa desconectarse realmente?

Desconectarse no es solo apagar el teléfono. Es desacelerar la mente, es romper el ciclo reactivo de mirar la pantalla ante cada impulso. Es salir del piloto automático para habitar el momento.

El zen enseña a ver cada acción como una oportunidad de atención plena: lavar los platos como si fuera un acto sagrado, caminar como si cada paso fuera un poema. Desconectarnos digitalmente es abrir espacio para eso: para que el ahora tenga lugar.

Beneficios mentales y espirituales de la desconexión digital:

1. Regreso al aquí y ahora

La atención se fragmenta cuando estamos hiperconectados. El zen nos invita a regresar al presente una y otra vez. Al desconectarnos, podemos observar nuestra mente sin distracciones, darnos cuenta de pensamientos repetitivos y emociones que habíamos evitado.

2. Calma interna

Menos estímulos, menos reactividad. Al dejar de consumir información todo el tiempo, el sistema nervioso se relaja. La mente deja de estar en alerta constante y puede entrar en un estado de ser, en lugar de hacer.

3. Claridad mental

En el silencio surgen las ideas claras. Como dice un proverbio zen: "El barro se asienta y el agua se aclara cuando dejas de agitarla." Así también la mente se aclara cuando no está siendo constantemente agitada por pantallas.

4. Mayor conexión con uno mismo y los demás

Cuando soltamos el teléfono, podemos mirar realmente al otro, y también vernos a nosotros. Escuchar sin interrumpir. Estar sin la necesidad de compartir cada momento. Recuperamos la profundidad de los vínculos y no solo su frecuencia.

Beneficios físicos del silencio digital

1. Descanso visual

Nuestros ojos están sobreexpuestos a la luz azul y a la sobreestimulación visual. Desconectar permite que descansen, se regeneren, y se reequilibren.

2. Cuerpo más activo y consciente

El tiempo sin pantallas se transforma en tiempo para moverse, respirar, estirarse, caminar sin prisa. El zen promueve la unión del cuerpo y la mente a través del movimiento consciente, como en el kinhin (meditación caminando).

3. Mejor calidad de sueño

Dormir es restaurarse, y las pantallas antes de dormir alteran esa restauración. Desconectarse es preparar el cuerpo para entrar en un descanso real, profundo, como un ritual de autocuidado.

 

Cómo aplicar la desconexión digital con enfoque zen

Aquí no se trata de eliminar la tecnología, sino de usar la tecnología sin dejarse usar por ella. Como todo en el zen, es una práctica de equilibrio.

Propuestas:

  • "Zazen digital": Establece momentos del día (aunque sean 10 minutos) donde te sientas en silencio, sin celular ni estímulo. Solo tú, respirando.

  • Días de silencio digital: Uno por semana, o al mes, sin redes ni notificaciones. Como un mini retiro.

  • Cambiar pantalla por papel: Leer, escribir a mano, dibujar o contemplar sin dispositivo.

  • Ritual sin pantallas: Un té, una comida, una caminata. Sin distracciones, solo presencia.

  • Limpieza digital: Revisa tus redes, notificaciones y suscripciones. Elimina lo que no suma. Simplificar es también un acto zen.

Desconectarnos es, en realidad, reconectarnos. Volver al pulso de la vida que no vibra en el celular, sino en el latido del corazón, en el susurro del viento, en el silencio entre pensamientos.

Como dice el maestro Thich Nhat Hanh: “El verdadero milagro no es caminar sobre el agua, sino caminar sobre la tierra, plenamente consciente de cada paso.”

Apagar el mundo digital por un momento no es huir del mundo, es elegir vivirlo más plenamente.

Mónica Albarrán

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