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Image by Zac Durant

OCTUBRE 2025

Masaje Tailandés como Complemento en Terapias Psicológicas

Por Mónica Albarrán

Tiempo de lectura: 4 minutos

En el abordaje de la salud mental, cada vez más profesionales y pacientes reconocen la importancia de una mirada integral, donde el cuerpo no sea solo un contenedor de síntomas, sino un actor activo en los procesos de sanación. En este contexto, el masaje tailandés (una práctica ancestral que combina movimiento, presión, respiración y atención plena) se está posicionando como un aliado valioso en procesos terapéuticos psicológicos.

Más que una técnica de relajación, el masaje tailandés puede abrir caminos profundos hacia la conciencia emocional, la regulación del sistema nervioso y la liberación de memorias corporales. Por eso, muchos terapeutas hoy lo consideran un complemento eficaz a la terapia verbal, especialmente en casos donde las palabras no alcanzan.

El cuerpo como puerta de entrada a lo emocional

Las emociones no solo se piensan o se sienten: se encarnan. La tensión en el pecho cuando hay ansiedad, el nudo en la garganta al callar, la rigidez en la espalda tras años de estrés… Todo queda registrado en el cuerpo, a menudo de forma inconsciente.

El masaje tailandés trabaja directamente sobre estos registros somáticos. Mediante presiones rítmicas, estiramientos profundos y desbloqueo de líneas energéticas (Sen), ayuda a liberar zonas donde hay rigidez, estancamiento o incluso dolor emocional acumulado. Lo que no se ha dicho, a veces se puede soltar.

Este trabajo corporal puede facilitar procesos terapéuticos, permitiendo que la persona tome contacto con emociones que antes no podía identificar, o que había disociado por protección.

Más allá de las palabras: un canal terapéutico no verbal

Hay momentos en los que las palabras no alcanzan o incluso estorban. En casos de trauma, ansiedad intensa o bloqueo emocional, hablar puede resultar insuficiente o demasiado amenazante. El masaje tailandés ofrece una vía alternativa, no verbal pero profundamente comunicativa.

Durante una sesión, el cuerpo “habla” y el terapeuta escucha a través del tacto. Se genera un espacio de confianza donde el paciente puede experimentar sensaciones, emociones y movimientos internos sin necesidad de racionalizarlos de inmediato. Esto es especialmente útil para:

 

  • Personas con trauma o estrés postraumático (TEPT)

  • Pacientes que tienen dificultad para expresar lo que sienten

  • Procesos de duelo, cierre o transformación emocional

  • Trastornos psicosomáticos o desconexión corporal

Regulación del sistema nervioso y contención emocional

Uno de los grandes aportes del masaje tailandés en el campo psicológico es su capacidad para regular el sistema nervioso autónomo. Al estimular el sistema parasimpático, se promueven respuestas de descanso, digestión, reparación y recuperación.

Esto tiene múltiples beneficios para la salud mental:

 

  • Reducción del estado de hiperalerta (frecuente en personas con ansiedad)

  • Mejora del sueño y el descanso emocional

  • Disminución de la reactividad emocional

  • Sensación de seguridad corporal, clave en procesos de trauma

En muchos pacientes, esta sensación de contención y arraigo en el cuerpo se traduce en mayor claridad emocional, capacidad de introspección y apertura para trabajar temas delicados en su proceso psicoterapéutico.

 

Reintegración cuerpo-mente en el proceso terapéutico

Una de las consecuencias más comunes de experiencias traumáticas o sufrimiento emocional crónico es la disociación: la desconexión entre cuerpo y mente. Muchas personas viven “desde el cuello hacia arriba”, sin registrar lo que sienten físicamente o sin confiar en sus propias sensaciones corporales.

El masaje tailandés ayuda a reconstruir ese puente cuerpo-mente. Al estar presente durante la sesión, al sentir sin juicio, al habitar el cuerpo con respiración y movimiento, se activa un proceso de reintegración que favorece la autoescucha y la autoregulación.

Este trabajo puede fortalecer enormemente el proceso terapéutico, ya que el paciente se vuelve más consciente de sus estados internos y más capaz de sostenerlos sin reprimirlos ni huir.

Un complemento, no un reemplazo

Es importante subrayar que el masaje tailandés no sustituye la terapia psicológica. No interpreta, no diagnostica, no analiza. Pero sí puede acompañar, facilitar y profundizar lo que se trabaja en consulta, ofreciendo otra vía de acceso al mundo emocional.

En un modelo integrador, el masaje se convierte en un soporte físico y energético que puede ayudar a sostener el trabajo emocional que se realiza con la palabra. Por eso, cada vez más terapeutas trabajan en colaboración con masajistas especializados, creando espacios de sanación verdaderamente holísticos.

 

¿Para quién está indicado?

El masaje tailandés puede ser un buen complemento terapéutico para personas que:

 

  • Están en proceso psicoterapéutico y desean integrar el cuerpo

  • Tienen estrés crónico, ansiedad o síntomas psicosomáticos

  • Han vivido trauma físico o emocional

  • Sienten una desconexión o rechazo hacia su cuerpo

  • Están en duelos o transiciones vitales

Lo ideal es que el masaje sea realizado por profesionales capacitados, con sensibilidad hacia los procesos emocionales y, si es posible, en comunicación con el terapeuta principal del paciente.

 

La sanación emocional no es solo mental: también es física, energética y relacional. El masaje tailandés ofrece un espacio de escucha profunda donde el cuerpo puede expresarse, soltar y recomponerse. Integrarlo como complemento a la terapia psicológica permite abordar el sufrimiento desde una perspectiva más completa, humana y compasiva.

En ese contacto consciente, donde no hace falta hablar pero sí sentir, el cuerpo se convierte en un puente hacia una mente más serena y un corazón más libre.

- Mónica Albarrán

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