
AGOSTO 2025
Trabajo emocional en sesiones de Masaje Tailandés
Por Mónica Albarrán
Tiempo de lectura: 4 minutos
Cómo el masaje tradicional tailandés puede facilitar procesos emocionales profundos sin perder su esencia terapéutica ni energética.
Aunque el masaje tailandés se conoce ampliamente por sus efectos físicos (flexibilidad, desbloqueo muscular, mejora del flujo energético, su capacidad para catalizar liberaciones emocionales aún es poco reconocida o comprendida, incluso entre terapeutas formados). Detrás de cada estiramiento, presión o contacto consciente, hay un potencial de acceso directo a memorias corporales, tensiones emocionales antiguas y reacciones psicosomáticas.
Este artículo explora cómo integrar con responsabilidad el trabajo emocional dentro de una sesión de masaje tailandés, sin convertirla en una terapia psicológica, pero sin negar su dimensión más profunda: la del cuerpo como contenedor y procesador de emociones.
1. El cuerpo como archivo emocional
La medicina tradicional tailandesa, al igual que otras medicinas orientales, sostiene que el cuerpo y la mente son una sola entidad. Las líneas Sen no solo transportan energía vital (lom), sino también la información sutil de experiencias vividas. Algunas líneas, como Sen Kalathari o Sen Ittha, se relacionan especialmente con órganos vinculados a las emociones, como el corazón, el estómago o el diafragma.
En términos occidentales, podríamos hablar del sistema nervioso autónomo y la fascia como canales por donde se almacenan o liberan experiencias no procesadas. En ambos modelos, la estimulación corporal puede despertar una respuesta emocional.
2. ¿Qué es una liberación emocional en sesión?
No se trata de catarsis dramáticas necesariamente. Una liberación emocional puede ser tan sutil como:
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Una respiración profunda involuntaria.
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Lagrimeo sin tristeza.
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Temblor suave en alguna parte del cuerpo.
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Recuerdos que emergen.
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Sensación de “ligereza” tras trabajar una zona específica.
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El terapeuta debe reconocer estas señales sin interpretarlas ni amplificarlas innecesariamente.
3. Rol del terapeuta: presencia, no análisis
Una de las bases del masaje tailandés tradicional es Metta (la compasión amorosa). La presencia del terapeuta debe ser receptiva, neutral, sin juicio. No se trata de dirigir el proceso emocional del receptor, sino de crear un espacio donde el cuerpo pueda hacer su trabajo.
¿Qué implica esto en la práctica?
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Respetar el silencio: No hablar para “consolar” o interrumpir una liberación.
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No interpretar: El terapeuta no es un psicólogo. No debe intentar “leer” emociones ni dar consejos.
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Sostener con el cuerpo: Un contacto firme y estable puede ser más terapéutico que cualquier palabra.
4. Técnicas que favorecen el trabajo emocional
Algunas prácticas dentro del masaje tailandés pueden facilitar una apertura emocional:
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Trabajo en el abdomen (Hara): donde suelen almacenarse miedos, angustias o tensiones viscerales.
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Presión lenta en el pecho y clavícula: ayuda a desbloquear emociones relacionadas con el duelo o la tristeza.
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Estiramientos de apertura (como torsiones suaves o posturas en arco): inducen a veces llanto espontáneo o respiraciones profundas.
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Movimientos rítmicos y repetitivos: ayudan al sistema nervioso a entrar en un estado parasimpático (relajación), donde es más probable que emerjan emociones.
5. Límites éticos: ¿hasta dónde acompañar?
Un error común es intentar hacer más de lo que el masaje permite, como convertirse en consejero emocional o terapeuta de trauma sin la formación adecuada.
Recomendaciones éticas:
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Informar previamente que pueden surgir respuestas emocionales.
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Tener claro que no se ofrece psicoterapia.
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Sugerir apoyo psicológico si la reacción emocional supera lo que puede manejarse en sesión.
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Estar preparado para sostener, no salvar.
El masaje tailandés tradicional, cuando se practica con respeto, presencia y conocimiento, puede ser una vía poderosa para reconectar cuerpo y emoción. No se trata de convertirlo en una terapia emocional en sí misma, sino de dejar que el cuerpo haga lo que sabe hacer: liberar lo que ya no necesita sostener.
El rol del terapeuta es ser testigo y canal, no guía ni protagonista. Integrar este nivel sutil requiere humildad, formación continua y una ética clara.
- Mónica Albarrán
